Érase una vez, un hermoso reino donde vivía un niño al que le gustaba sentarse frente al televisor, de lunes a viernes a las 7:00 p.m., para disfrutar uno de sus programas favoritos: "El Avispón Verde" (The Green Hornet, 1966); un "héroe" poco convencional, pues a pesar de combatir el crimen también era perseguido por la policía. Pero, PERO, lo que más disfrutaba era poder ver a Kato pateando traseros, y quien hacía la mayoría del trabajo en cada episodio. El niño creció pero, aún así, conservó aquella serie televisiva en su memoria y en un lugar muy especial de su corazón.
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martes, 25 de enero de 2011
Infancia perdida... o cómo perder 40 pesos de la forma más estúpida
Érase una vez, un hermoso reino donde vivía un niño al que le gustaba sentarse frente al televisor, de lunes a viernes a las 7:00 p.m., para disfrutar uno de sus programas favoritos: "El Avispón Verde" (The Green Hornet, 1966); un "héroe" poco convencional, pues a pesar de combatir el crimen también era perseguido por la policía. Pero, PERO, lo que más disfrutaba era poder ver a Kato pateando traseros, y quien hacía la mayoría del trabajo en cada episodio. El niño creció pero, aún así, conservó aquella serie televisiva en su memoria y en un lugar muy especial de su corazón.
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miércoles, 2 de septiembre de 2009
Del karma malparido
¡Hola queridos animalitos de la naturaleza! Después de un largo rato de no pararme por aquí, gracias a la explotación sanguinaria a la que con gusto me he sometido en la chamba (los dos o tres últimos posts fueron programados, no crea que el fantasma de Michael Jackson postea desde Neverland), vuelvo con mi reino del terror para atormentarlos con el mismo contenido quejoso que ha caracterizado a este blog.
Gracias al comentario acertado de 'second mom' (en este post) recordé la felicidad que me causa viajar, y no son los lugares que visito lo que en realidad me molesta, no, pues disfruto de cada lugar en el que he estado: las calles, las mujeres, la comida típica, las mujeres, los sitios de interés, las mujeres, ruinas arqueológicas, etc... y las mujeres; el problema es la transportación.
Gracias al comentario acertado de 'second mom' (en este post) recordé la felicidad que me causa viajar, y no son los lugares que visito lo que en realidad me molesta, no, pues disfruto de cada lugar en el que he estado: las calles, las mujeres, la comida típica, las mujeres, los sitios de interés, las mujeres, ruinas arqueológicas, etc... y las mujeres; el problema es la transportación.
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lunes, 13 de julio de 2009
De la misantropía frecuente selectiva
¿Cómo se convierte alguien en una persona quisquillosa e intolerante hacia casi todo? Se requiere de años de irlo trabajando, mamonería en cantidades industriales, irse amargando con el paso de los años, ser fijado en todos los detalles, escuchar música quejica y ver películas asiáticas (aporte hecho por mi hermaniux), volverte elitista, algo de megalomanía, o culpar a la sociedad y sus costumbres, porque ellos fueron los que te convirtieron en eso (aparte de que tiene un gusto exquisito echarle la culpa a los demás en lugar de reconocer las responsabilidades propias).
Digo lo anterior porque fui a tramitar mi cédula profesional (documento que te acredita y te da autoridad de decir cualquier estupidez acerca de tu carrera con la garantía de que ya cuentas con la omniprepotencia para hacerlo), y entre las ciencias tramitológicas y el aprender a tejer (para llevarme mis bolas de estambre y tejer bonitos suéteres durante el tiempo en el que uno pasa de la ventanilla x a la ventanilla y) descubrí que no sólo odio esas dos cosas, también puedo llegar a odiar a la gente con la que comparto la desgracia de la burocracia (...un verso).
Todo se lo debo a un tipito (al que llamaremos el niño tose-tose) que se la pasó tose y tose (sí, ando falto de inspiración en estos días) cerca de mí durante mi estancia en Profesiones. Y el término correcto no sería 'tose y tose' porque su actividad no se limitó sólo a eso, fue toda una amplia variedad de carraspeos y otros sonidos guturales que hubieran sacado de quicio al mismísimo Mahatma Gandhi (y allá va Gandhi con todos sus kilitos lanzándose en contra del tipejo este para caerle en la yugular enterrándole una fotografía tamaño infantil o ensartándole la solicitud de registro en la frente ante los aplausos y beneplácito de los presentes).
Pequeña pausa (ponga la música de espera de oficina más horripilante aquí) para dejar de escribir en mi cuaderno porque el niño tose-tose está detrás de mí tratando de averiguar qué escribo, y yo estoy a punto de clavarle vigorosamente la pluma en los pulmones para ver si así se descongestionan sus vías respiratorias.
Ya sé que al señor dueño de este bló le da por exagerar las cosas, pero en esta ocasión no fue así. El niño tose-tose hizo evidente su presencia desde que ingresó al recinto y se formó detrás mío: tres carraspeos, dos tosidos, cuatro carraspeos, un simulacro de gallo, y así sucesivamente; cinco minutos después, yo estaba más que preparado para comenzar la ola sangrienta, y mi única salvación era llegar a la primera ventanilla, apurarme con la revisión de mis documentos y correr hacia la segunda ventanilla para tratar de dejar atrás al tipo con su tuberculosis. Y pensé que lo había logrado hasta que la señorita del siguiente trámite nos dijo que debíamos sentarnos ordenados de acuerdo al número de turno que nos habían entregado en la ventanilla anterior. Estaba a punto de cantar victoria porque al niño tose-tose no le había tocado el asiento siguiente, y el karma me recordó lo mal que le caigo (he llegado a pensar que hasta le cago la madre), al niño tose-tose me lo mandó al asiento de atrás, así que tuve que chutarme la sinfonía del bacilo de Koch durante los siguientes 20 minutos con la misma calidad Dolby Stereo del home theater (ponga la marca de su preferencia aquí).
Cuando en la ventanilla me dicen que podré tener un hermoso número de cédula (canjeable por el de verdad) a la una de la tarde, sufrí por la incertidumbre de no saber qué hacer en las siguientes dos horas y media, pero gocé por no tener que soportar al niño tose-tose. Así que fui a recluirme al lugar más entretenido para aprovechar dos horas de ocio: las escaleras de un Office Max para estar echadote como iguana y esperar a que los rayos del Sol me derritan lo poco de masa cerebral que me queda. Fue entonces que decidí empezar a escribir mis observaciones respecto a esta situación, hasta que un sonido intermitente y bastante familiar me sacó de mi concentración. Levanté poco a poco la vista tratando de cerciorarme que el sonido era producto de mi imaginación o por la sugestión, pero el karma malparido y desgraciado insistió en mancharse conmigo. Ahí estaba el niño tose-tose dirigiéndose a las mismas escaleras. Estuve tentado a cerrar los ojos apretando mis parpados fuertemente ("si no lo veo no me ve, si no lo veo no me ve... ") esperando a que pasara de largo, y así fue: pasó de largo tres escalones para sentarse en el cuarto detrás de mí. Otras dos largas horas aguantando al nene, y yo demasiado cansado y con pocas opciones de dónde poder aplastarlas a gusto como para largarme de ahí.
Una parte de mí, que jamás me había percatado que existiera, pensó en las múltiples posibilidades para darle al niño tose-tose una muerte lenta y dolorosa (la más destacada fue la de colgarlo por el cuello mientras él estuviera parado sobre un bloque de hielo y colocarle una piedra de 50 kilos amarrada a sus cositas). Cuando ya estaba dispuesto a llevar a cabo alguna de mis ideas, preferí largarme a caminar ida y vuelta a CU para matar el tiempo en lugar de a él. A la hora de regresar por mi papelito, el orden cósmico se había reestablecido, y no volví a encontrármelo.
Y para no seguir atormentándolos con mis quejas acerca de cómo me atormentó el niño de la garganta atormentada, felicítenme, ya voy a tener cédula.
Y al karma desgraciado: fuck you! Mañana voy a ver lo del Seguro Social, nada más me sales con otra jalada igual o peor y vamos a ver de a cómo nos toca.
miércoles, 13 de mayo de 2009
Ella sabe demasiado
En más de una ocasión le he mencionado a mis amigos lo útil y peligroso que puede resultar el saber en demasía acerca de un tema, es algo que te da poder pero también tiene su grado de responsabilidad, como el hecho de que tus amistades te cuenten sus más íntimos secretos. En este caso, uno debe manejar este tipo de información de la forma más discreta y sabia posible: contárselo a quien más confianza le tengas para que éste vaya y se lo cuente a quien más confianza le tenga y así sucesivamente para que el chisme se corra lo más rápido posible, o saber en qué momento y bajo qué circunstancias esta información pueda ser usada en contra del informante a nuestra conveniencia, ya sea para chantajearlos o dejarlos en ridículo (¡nah! ¿me creerían capaz de ser tan ruin y despiadado como para hacerles tales bajezas?... no contesten). La cuestión no está sólo en saber, también cuenta el uso que se le dé al conocimiento.
Menciono este tema porque recién me enteré de una verdad aterradora: mi vecina chismosa (a la cual menciono aquí y aquí) es más chismosa de lo que yo creía. Sí, ya me había platicado con lujo de detalles la vida y obra de todos los vecinos de mi edificio, se había encargado de decirle a los vecinos mi nombre y actividades rutinarias, y hasta me daba la reseña semanal de los sucesos más importantes de toda la unidad habitacional con las efemérides más relevantes; con lo que ya debería saber qué clase de joyita es la señora. Pero... PERO (en mayúsculas para que parezca que le estoy dando un tinte más dramático y alarmante), jamás me imaginé que una vieja chismosa de vecindad resultara ser todo un agente del Servicio Secreto de Inteligencia.
El descubrimieto ocurrió hace algunos días. Encontrábame saliendo de mi depa para dirigirme a la tienda, cuando me encontré, para variar, a la vecina chismosa (a la que llamaré "vecina chismosa" para mayores referencias y ser redundante en el hecho de que es chismosísima) fisgoneando por uno de los ventanales que da hacia el estacionamiento. Traté pasar desapercibido para que no me viera y me preguntara por cosas que no le importan, pero erré en mi malparido intento de huida (debe tener un radar y sensor de movimiento integrado en alguna parte de su cuerpo que no deseo averiguar). Antes de que pudiera terminar el saludo quise darle una sopa de su propio chocolate preguntándole qué estaba haciendo. Grave error.
Me dijo que estaba escuchando a unos chicos que platicaban acerca de como volarle los vidrios a los coches, obvio, que eran de una banda de asalta-coches, y que para buena fortuna de todos los vecinos ya los tenía identificados desde hacía mucho tiempo y sabía que eran de la unidad (pregúntome yo ¿no debería ya haberlos denunciado nuestra vigilante-justiciera si conocía las operaciones delictivas de esta gran red de crimen organizado?). Remató contándome que se habían robado una camioneta la semana pasada pero que habían logrado atrapar a dos de los ladrones. "Tengo fotos de lo que pasó, si quieres luego te las muestro para que veas cómo estuvo", me afirmó mi vecina chismosa (sí, nuestra corresponsal de guerra en el lugar de los hechos). Dicho esto, inmediatamente me di a la tarea de apresurar mi despedida de la forma más discreta que pude: mirando mi reloj y respondiéndole con un infalible "ya se me hace tarde... adiós", seguido de mi imitación número 73 de niño-con-diarrea-corriendo-hacia-el-baño (pero sin apretar las manos sobre mi trasero), meintras que en mi cabeza repetía "run Forrest, run" para alejarme todo apanicado y procurar mi sobrevivencia.
Sé lo que estarán pensando: que su credibilidad vale lo mismo que el peso frente al dólar en tiempos de devaluación (que sucede cada... siempre) y que en su mundito (que debe tener algún nombre) ella cuenta con las pruebas contundentes que confirman la existencia de una nave extraterrestre en el Área 51, además de tener las evidencias que demuestran que el gobierno de Guanajuato está detrás de lo de la influenza para evitar que nos besemos y toquemos en la vía pública. Aun así, no dejo de pensar en el "uso" que esta señora le da a la información. Seguramente ya me puedo hablar de tú con San Antonio o San Francisco de Asís por los milagritos que me debió haber colgado.
Aunque yo debo ser el paranoico, tener un vecino así no puede ser tan aterrador... ¿o sí?

Ojalá y no sepa de la existencia de este bló o la humanidad puede estar en grave peligro.
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lunes, 20 de abril de 2009
Ésa es la cuestión
Hay una pregunta que hasta la fecha me causa cierta fijación, se trata de ésa que parece acompañar casi siempre a "¿tienes novio(a)?", y es "¿por qué?". No me incomoda que me la pregunten, sino que aún no sé qué se supone que uno debe responder, o qué es lo que la gente desea escuchar, o si se trata de una pregunta capciosa. Este ejercicio nunca lo he entendido. De hecho, hasta que me preguntaron por vez primera el por qué no tenía novia, no había pensado en que debía justificar de una u otra forma mi soltería.
Si lo que buscan es una respuesta sincera, por parte del interrogado, que explique la falta de pareja sentimental, lamento decirles que no será del todo posible, porque habrán historias reales de gente miserable a la que le va peor que a la Selección Mexicana o a las Águilas del América (y aprovechando que ayer se jugó el clásico, Chivas sigue siendo su padre putos), pero cuando esto es responsabilidad de uno... no te lo van a decir. ¿Por qué? Muy fácil, casi nadie acepta que uno es posesivo, celoso, obsesivo-compulsivo, un desadaptado, y otras virtudes más bellas; siempre la culpa será del otro, porque es más fácil ver la culpa en los demás que reconocer la propia.
Actualmente, yo dejo que la gente conteste por mí (no sé que tanto por evitar que mi materia gris se derrita con la carga mental, además de que es muy divertido cuando la gente dice palabras por ti que ni siquiera habías pensado), pero he percibido que a pesar de ello las personas esperan que les responda de viva voz. Así que ya estoy trabajando en un repertorio de respuestas "brillantes" para disipar sus dudas de forma políticamente incorrecta:
- "No sé, pregúntale a mi última novia. Aquí tengo el teléfono de su casa, el de su celular, el de su oficina, el de sus parientes, su dirección, su correo electrónico, su hi5, su 'feisbuc', una agenda donde tengo apuntadas todas sus actividades del día, varias prendas que eran de ella y no sabe que las sustraje, un mechón de su cabello que corté mientras dormía..."
- "Porque soy un desadaptado social incapaz de poder relacionarse con otra persona."
- "Viéras que nunca he sabido. ¿Por qué no eres mi novia y así sales de dudas?" (Esta respuesta depende de qué tanto me haya llenado el ojo la otra persona)
- "Después de 35 psiquiatras, y varias visitas a sanatorios mentales, no me queda claro. Si hasta mi terapeuta me aseguraba que ya podía volver a estar con la gente sin necesidad de camisa de fuerza y cadena... no entiendo."
- "Para mayores referencias, ve al ministerio público más cercano."
- "Pues con mi última novia todo iba bien... hasta que conocí a su hermano... y descubrí cosas nuevas acerca de mi sexualidad."
- "La verdad es que últimamente me he encontrado con puras mujeres que están medio desquiciadas, cuyos traumas les impiden tener una relación de pareja, y seguramente me las encuentro así porque yo también debo tener algo malo. Aunque lo más probable es que ellas estén mal y yo no. Por cierto, ¿ya te dije que he tenido 57 novias?"
Y usted ¿cuál prefiere?
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domingo, 15 de marzo de 2009
Cuentos de terror para niños
De mi niñez tengo muchos recuerdos hermosos, como la vez que fui a la playa y una ola me revolcó durante varios minutos dejándome casi inconsciente y todo lleno de algas, o cuando me las ingenié para callar a mi perro al mismo tiempo que intentaba un mortal al frente, de 5.4 grados de dificultad con dirección hacia el lavadero, haciendo malabares con dos macetas. Lo que me demostró, después del fracaso rotundo y dos macetas inservibles, que el Cirque du Soleil o el Atayde Hermanos jamás me contrataría.
Pero para no aburrirlos con estas joyitas de la memoria, voy a hablar de esos momentos entrañables que compartimos con nuestros padres, esos instantes en los que se acercaban con ternura, nos tomaban por el hombro, nos hacían pensar que la diferencia de edades no importaba porque parecían nuestros amigos, y nos dedicaban palabras inspiradoras y llenas de sabiduría para persuadirnos a hacer todo aquello que odiábamos... mejor conocidos como chantajes morales.
No crean que se trataba de cualquier tipo de chantaje, eran un verdadero plan malévolo y siniestramente diseñado, comparables sólo con la mente maestra detrás de los Teletubbies, para abatir las mentes frágiles de los infantes e infundir el miedo.
Por ejemplo, el 'Coco'. ¿A quién se le ocurriría pensar en un personaje tan sanguinario que se come a los niños que no quieren dormir? Lo peor de todo, es que el señor (Coco) era una especie de plaga o virus malicioso, o tenía el don de la ubicuidad, porque era capaz de estar debajo de todas las camas de todos los niños del mundo a la hora de dormir, acechando desde las sombras, esperando a que algún chamaco imberbe decidiera no dormirse. Después de esta amenaza, ¿quién demonios puede dormir sabiendo que hay un Michael Jackson escondido en algún lugar oscuro de tu cuarto queriéndote llevar a Neverland?
Otra leyenda urbana era el 'señor del saco' (el 'de la bolsa' o el 'robachicos' eran algunas de sus variantes), un señor sin escrúpulos que no le importaba nada en la vida, excepto que comieras tus alimentos. El modus operandi era el siguiente: tus padres te servían de comer cosas que la verdadera comida generalmente come (verduras, frijoles, etc.), al ver que tú no hacías el mínimo intento por degustar esas cosas horribles, que ellos juran que te hacen crecer grande y fuerte, venía la gentil amenaza "o comes o le hablo al señor del saco". Tú, sin conocer el aspecto del mentado señor (lo mismo podía tratarse de Chabelo o la mataviejitas), inmediatamente te comías hasta el plato y las servilletas ante el temor de que llegara este mono y te arrancara de los brazos de tus padres... Bueno, ¿y si al señor del saco tampoco le gustaba la comida?
A mí me aplicaban una que era infalible, debido a que, desde chamaco, demostré ser un pata de perro. Hubo un momento en el que, llegando a las cinco de la mañana después de una parranda, me encontré con mis cosas afuera de la casa. Obviamente, a mí me valió lo mismo que el TLC para los Estados Unidos, y seguí con mis parrandas. Ahora me dejan abierta la puerta para ver cuando me animo a entrar. Hasta la fecha, sigo sin regresar, y eso que sólo fui a la tienda por cigarros.
Mi trauma personal consistía en un monstruo que atemorizaba a todo el mundo en la calle, y al parecer le gustaba hacerlo sólo en mi colonia, razón por la que no debía salir de mi domicilio. Curiosamente, este ser tan horrendo y sediento de sangre descansaba cuando mi mamá me mandaba por las tortillas o a la tienda por refrescos y leche, tardaron alrededor de seis años en matarlo (pinches autoridades tan idiotas, por qué no llamaron a Superman o al Hombre Araña), y terminé siendo un desadaptado social. Gracias mamá.
Si usted fue torturado de la misma forma, o conoce a un amigo de un amigo al que le pasó algo peor... ¡vaya al psicólogo y supérelo!
O puede contarnos todo el chisme en la cajita de comentarios que aparece al final de este post.
Hay otros a los que amenazaban con meterlos al internado. Pobres padres ilusos ¿No vieron "Mundo de Jueguete"? Ser compañeritos de Graciela Mauri era el sueño reprimido de muchos mocosos precoces. Además, estaba 'Chachita' quien seguramente nos solaparía cualquier travesura.
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sábado, 24 de enero de 2009
Encuentros cercanos del 3er. tipo
Él se subió en la siguiente parada de donde yo abordé el camión, con una destreza y habilidad que jamás había visto en algún ser humano, tomó su armónica y ejecutó una pieza única (únicamente una canción, con sólo una nota, y en un solo movimiento), acaparando la total atención de... una pareja de pubertos que estaba felizmente fajando en los asientos traseros.
Supuse que iba a cantar o a tocar la armónica, o las dos cosas (y posiblemente al mismo tiempo), y yo decidí apagar mi 'aipo' y retirarme los audífonos porque me gusta ser respetuoso con la música que escucho (odio que un tipo con una guitarra, dulces, o un arma de destrucción masiva como una bocina y un reproductor de CD's, interfiera con la grandiosa música ambiental que proporcionan mis audífonos). Para mi sorpresa, el tipo no hizo ninguna de las dos cosas (tampoco se metió la armónica por el trasero mientras contenía la respiración hasta ponerse morado). No. Sin preguntarnos "¿quieren un monólogo?" (¡fuck you Adal Mamones!), ni decir agua va, se aventó todo un discurso socio-político-mágico-musical acerca del país. De los cinco minutos que este señor se la pasó hablando de forma casi inaudible, y de lo poco que pude entender en esas psicofonías, él nos mostró la luz, enseñándonos lecciones de vida acerca de cómo los políticos son una mierda, que el espurio nos la va dejar caer completita (sic) (¿nos la va a dejar caer? yo pensaba que ya lo había hecho y nomás se tomó receso para echarse un cigarrito), que Andrés Manuel era el Mesías, y otras cosas por el estilo.
Cuando estuve a punto de preguntarle acerca del significado de la vida, y si Jaime Maussan confunde a su vecina con tubos y mascarilla de aguacate con un extraterrestre cada que se echa un churro de mota, el señor bajó de la unidad y se perdió en el horizonte (realmente se perdió entre la multitud de huevones que esperaron hasta el último día para tramitar su credencial del IFE, pero así no suena tan hollywoodense y poético). No nos pidió dinero, no nos cantó nada, no supe dónde quedó la armónica (debe ser mago o algo así), sólo nos dio un mensaje de paz, amor y sabiduría. Su legado.
Y mientras yo creía ilusamente que había encontrado en él a un guía espiritual o un líder ideológico, algunos amigos me dicen que tuve la oportunidad de conocer una especie rara, lo que los científicos conocen como "peje-zombie".
Tengo miedo.
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jueves, 22 de enero de 2009
Vecinos, un día de estos me volveré asesino serial
Todos hemos tenido, o tenemos, un vecino malo (por no llamarlo hijo(a) de la chingada o de forma más peyorativa). Yo aprendí a tolerar la diversidad de vecinos, a la bola de perros (los de cuatro patas) que viven en casi todos los departamentos de mi edificio, a la vecina -de al lado- chismosa, a doña "Toña Machetes" (como la apodamos mi cuñado y yo), y a la histérica paranoica del cuarto piso. Lo que sí es imposible de tolerar es a la tipa del piso de arriba (que queda exactamente sobre mi depa).
No sé si fue que me cayó mal cuando la conocí, posiblemente sea el hecho de que tengan un perrito que está aullando todo el día porque lo dejan solo en el depa, que su hijo sea un hijo de la chingada que se la pasa tocando las puertas de los vecinos (mi puerta, hablando específicamente) y corre, que su madre (la chingada) se vaya de parranda cada fin de semana y traiga a un tipo diferente a su depa para después no dejar dormir (seguramente para presumirnos lo activo de su vida social y sexual), sus amigos(as) que se la pasan gritando desaforadamente para que les abra el portón y que son finísimas personas al igual que ella (jamás pensé que el vocabulario de palabras altisonantes fuera tan amplio y que sus modales pudieran dar material suficiente para escribir un anti-Carreño en 45 prácticos fascículos), o que casi todo el día hay un incesante golpeteo en mi techo y varios objetos que observo descender -desde mi ventana- producto de actividades que no me interesan.
No sé si fue que me cayó mal cuando la conocí, posiblemente sea el hecho de que tengan un perrito que está aullando todo el día porque lo dejan solo en el depa, que su hijo sea un hijo de la chingada que se la pasa tocando las puertas de los vecinos (mi puerta, hablando específicamente) y corre, que su madre (la chingada) se vaya de parranda cada fin de semana y traiga a un tipo diferente a su depa para después no dejar dormir (seguramente para presumirnos lo activo de su vida social y sexual), sus amigos(as) que se la pasan gritando desaforadamente para que les abra el portón y que son finísimas personas al igual que ella (jamás pensé que el vocabulario de palabras altisonantes fuera tan amplio y que sus modales pudieran dar material suficiente para escribir un anti-Carreño en 45 prácticos fascículos), o que casi todo el día hay un incesante golpeteo en mi techo y varios objetos que observo descender -desde mi ventana- producto de actividades que no me interesan.
El punto es que esta mujercita fue capaz de dejar reducida a escombros la armonía que imperaba en nuestro edificio, y que nuestra vecina histérica paranoica del cuarto piso no logró siquiera mancillar (a pesar de las narcomantas que colgó en la entrada cuando no le llegó el recibo y pensó que alguno de nosotros se lo volamos).
La cerecita del pastel fue cuando me enteré de buena fuente (la vecina chismosa de al lado) que no es la primera vez que pasaba eso con ella, del largo historial de la seño, y que ya había sido corrida de varios lugares. La vecina me exhortó a presentar mi queja, manifestar mi inconformidad ante la tipa, realizar una demostración de ira, y -¿por qué no?- escribir una bitácora del suceso (debidamente encuadernada con portada de Winnie Pooh) con un resumen oral donde no omitiera ningún detalle (me imagino que quería que todo esto fuera llevado a cabo en una ceremonia igual de formal que el juramento del martes de Barack Obama).
No sé cuándo, cómo, o dónde, se de el inicio de las hostilidades, lo que sí sé es que cuando eso suceda, y por la forma en que mi paciencia se ve mermada día con día, prepárense para verme "esta noche en Hechos...". Digo, si voy a demostrar mi ira, al menos debo hacerlo bien. Mientras tanto, ya encontré una tienda de armas y cartuchos por mis rumbos.
No sé cuándo, cómo, o dónde, se de el inicio de las hostilidades, lo que sí sé es que cuando eso suceda, y por la forma en que mi paciencia se ve mermada día con día, prepárense para verme "esta noche en Hechos...". Digo, si voy a demostrar mi ira, al menos debo hacerlo bien. Mientras tanto, ya encontré una tienda de armas y cartuchos por mis rumbos.
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