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miércoles, 4 de marzo de 2009

Te estoy buscando adjetivos... que sean políticamente correctos

Me encontraba incorporando nuevas palabras a mi vocabulario para mejorar mis analogías escatológicas acerca de la vida y obra de Carlos Cuauhtémoc Sánchez, cuando, jugando a 'pushar' todos los botoncitos del internet explorer, apareció en mi monitor un blog muy inspirador que cuenta una hermosisísima historia de amor.

Juro que no me había conmovido tanto desde que vi Ichi the Killer, razón por la que decidí conocer más de esta telenovela de la vida real.

Ella (Florencia) conoció a su principe azul en la pista de hielo del Zócalo de la Ciudad de México (patrocinado por atracciones Chelito Ebrard, creador de los domingos bicicleteros en Reforma). Él (Diego), tan caballeroso como cualquier hombre (como cualquier hombre que ve a una chica linda y lo último en lo que piensa es llevársela al hotel para mancillarle la soberanía de su cuerpecito, ajá), le dio su bufanda junto con la promesa de verse al día siguiente (aquí pongan unos pajaritos revoloteando alrededor mientras la pantalla se va a negros). Pero no contaban con la ira de ese amante despechado llamado 'el azar', y que la niña no pudo conectar su cerebro con su mano (al igual que con el resto de su organismo), mismo que le hizo... ¡escribir mal el número telefónico del galán! Tan-tan-tan-taaaan (o ponga la música que le resulte más ad hoc con el momento).

Lo cual degeneró en esto:



Seguramente, y después de ver a su Dulcinea convertida en una psicópata esquizofrénica con desorden obsesivo compulsivo, el mentado Diego cambió su rostro, su identidad, entró a un programa de protección de testigos, y huyó al confín más recóndito del planeta. Y, a estas alturas del partido, ya no le interesa recobrar su bufanda.


Alguien debería decirle a Florencia que tanta T.V. ya le hizo daño.

lunes, 16 de febrero de 2009

Samba lentín

Si usted fue de los que aprovecharon este 14 de febrero para ahogarse en melcocha, comprar globitos metálicos en forma de corazoncito, llevar rosas y chocolates, o meterse a un cuatro letras (en realidad son cinco, pero como la 'h' es muda ni la contamos) en compañía de su pareja y armado con carrilleras de condones... les tengo noticias: vaya usted primero a enterarse acerca de la vida de San Valentín (aquí o aquí), y luego me contesta ¿qué es lo que festejamos el 14 de febrero?

Y si usted es de esos amargados -como yo- que odia la publicidad, a los nacos y cursis que se ahogan en melcocha, compran globitos metálicos en forma de corazoncito, y llevan rosas y chocolates, sólo para ver si la chica o el chico accede a tener sexo salvaje con usted (o su pareja)... léalo también. Le será útil tener argumentos muy convincentes para echarles a perder dicha festividad.

O puede usted juntar sus firmas y llevarlas al pleno, proponiendo una nueva festividad donde regalaríamos mierda todos los 13 de febrero. Sería el día de "me cagas la madre" (además, con fecha tan supersticiosa, sería más divertido festejarlo los viernes 13).

O sólo déjeme una mentada ahí en el cajoncito de comentarios.

O sólo déle 'cerrar' a esta pinche ventana.